Irán no defiende a Venezuela: la utilizó como plataforma estratégica contra Estados Unidos

Editorial | Análisis internacional

Por Oscar Blue Ramírez

La reacción de Teherán tras la captura de Nicolás Maduro no responde a principios de soberanía, sino a la pérdida de un activo geopolítico clave en el hemisferio occidental.

La condena del régimen de Irán a la operación militar de Estados Unidos en Venezuela no es un gesto diplomático aislado ni una defensa genuina del derecho internacional. Es una señal de alarma. Teherán no reacciona por Venezuela; reacciona porque ha perdido una plataforma estratégica cuidadosamente construida durante más de dos décadas.

El discurso iraní sobre “violación de soberanía” resulta profundamente contradictorio cuando proviene de un Estado que reprime a su propia población y exporta inestabilidad mediante alianzas opacas. En realidad, lo que Irán lamenta no es la caída de Nicolás Maduro, sino la interrupción de un proyecto geopolítico que convirtió a Venezuela en un punto de presión indirecta contra Washington dentro de América Latina.

Desde los tiempos de Hugo Chávez, la relación entre Caracas y Teherán dejó de ser ideológica para transformarse en funcional: energía, vuelos directos, cooperación técnica, respaldo diplomático y transferencia tecnológica en un contexto de sanciones. Cada acuerdo fortaleció una red diseñada para resistir el orden internacional liberal y desafiar la influencia estadounidense desde una región históricamente ajena a actores extrahemisféricos como Irán.

Exigir “pruebas visibles” de presencia militar iraní en Venezuela es desconocer la lógica de poder de Teherán. Irán no despliega divisiones; opera por capas. Su instrumento clave, la Guardia Revolucionaria Islámica, responde directamente al líder supremo Ali Jamenei y actúa mediante influencia estratégica, transferencia tecnológica y alianzas asimétricas. Así ha operado en Medio Oriente y así proyectó poder en otros escenarios internacionales.

La captura de Maduro no solo desmonta un régimen; expone una estructura de alianzas autoritarias que operó durante años con escasa resistencia internacional. El riesgo para la región no es una guerra abierta entre Irán y Estados Unidos, sino algo más corrosivo: la normalización de la penetración estratégica de regímenes autoritarios en Estados frágiles, la militarización indirecta de alianzas políticas y la conversión de América Latina en un tablero secundario de disputas globales.

El peligro real: una alianza con ecos militares a 3 mil km de EE. UU.

La cooperación entre Irán y Venezuela no se limita a retórica anti-estadounidense. En los últimos meses, Washington impuso sanciones a diez personas y empresas vinculadas a Irán y a Caracas por su participación en el comercio de drones y programas de misiles, señalando directamente que estas transferencias podrían representar una amenaza para la seguridad estadounidense y la de sus aliados. 

Estas sanciones enfatizan que Irán ha suministrado a Venezuela drones de diseño iraní, ensamblados y operados en territorio venezolano, así como componentes asociados a programas de misiles, lo que evidencia una cooperación militar-tecnológica concreta entre ambos gobiernos. 

Para expertos en seguridad, esto no es un simple intercambio comercial: la transferencia de tecnología militar avanzada a un Estado en crisis institucional crea vectores de riesgo directo en el Caribe y el hemisferio occidental. Modelos de drones equipados con sistemas de combate y la posible integración de redes de misiles bajo entrenamiento extranjero acercan activos estratégicos iraníes a menos de 2 000 millas de la costa continental de Estados Unidos, un precedente sin parangón en la historia reciente de las relaciones interamericanas. 

Si bien no hay evidencia pública de tropas iraníes desplegadas abiertamente en Venezuela, el patrón de cooperación se asemeja más al modelo de proyección de poder indirecto que Irán ha desplegado en Medio Oriente y otras regiones, donde la influencia se ejerce a través de tecnología militar, redes proxy y asesoría estratégica minimalista pero eficaz. 

En este marco, la captura de Maduro no solo debilita un aliado político de Teherán: desarticula un potencial puente operativo que podría haber servido para articular presión o provocaciones estratégicas contra intereses estadounidenses y regionales.

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