Por Oscar Blue Ramírez
War Correspondent & Investigative Journalist
La destitución y orden de captura del mayor general Javier Marcano Tábata, anunciada por Delcy Rodríguez, constituye uno de los movimientos más delicados dentro de la estructura de poder venezolana en los últimos meses. Más allá del nombre del funcionario afectado, la decisión expone un proceso de reacomodo interno marcado por la desconfianza, el control y la necesidad de reafirmar lealtades en los niveles más sensibles del aparato estatal.
La medida fue comunicada sin la presentación pública de cargos ni detalles judiciales verificables. Ese vacío informativo no es casual: forma parte de una práctica recurrente en contextos de alta tensión política, donde las decisiones se ejecutan con rapidez para producir un efecto disuasivo inmediato dentro de las filas militares y de seguridad.
¿Quién es Javier Marcano Tábata?
Marcano Tábata es un oficial de carrera con una trayectoria prolongada en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Su ascenso estuvo ligado a áreas estratégicas de seguridad, protección institucional y contrainteligencia, espacios donde convergen información sensible, custodia de infraestructuras críticas y vínculos directos con la cúpula del poder político.
Fuentes militares consultadas describen su perfil como el de un funcionario operativo, disciplinado y reservado, formado en la lógica del control interno y la protección del Estado. Precisamente por ese acceso privilegiado, su figura se vuelve vulnerable en momentos de reconfiguración del poder: quienes conocen demasiado suelen convertirse en prescindibles cuando el sistema percibe amenazas, reales o potenciales.
Su destitución no puede leerse únicamente como un cuestionamiento individual, sino como parte de una dinámica estructural: en escenarios de presión interna o externa, los mandos con mayor acceso a información crítica son los primeros en ser desplazados para reordenar el equilibrio de fuerzas.
El rol de Delcy Rodríguez
El protagonismo de Delcy Rodríguez en esta decisión confirma su peso como operadora central del control político y administrativo. Su intervención directa en la destitución y orden de captura de un alto mando militar evidencia que las decisiones clave ya no se limitan a los canales tradicionales, sino que responden a una lógica de acción rápida y ejemplarizante.
Este tipo de movimientos refuerza la verticalidad del poder, pero también incrementa la tensión interna: cada destitución de alto nivel envía un mensaje inequívoco al resto de la estructura, donde la lealtad deja de ser un atributo histórico y pasa a ser una condición revisable.
Silencio institucional y opacidad
Hasta ahora, no se han difundido documentos judiciales, imputaciones formales ni pruebas públicas que sustenten la orden de arresto. La opacidad institucional se mantiene como norma, alimentando interpretaciones que apuntan más a una decisión política que a un proceso judicial ordinario.
Este método —anunciar primero y explicar después— cumple una función clara: paraliza reacciones internas, reduce márgenes de maniobra y consolida el control narrativo desde el poder.
Un patrón que se repite
La experiencia reciente de Venezuela muestra que estas purgas suelen coincidir con momentos de alto estrés político y geopolítico: investigaciones internacionales, sanciones, presión judicial externa o señales de fractura dentro de las fuerzas armadas. En esos contextos, la seguridad deja de ser un bloque homogéneo y se transforma en un terreno de sospecha permanente.
La caída de Marcano Tábata encaja en ese patrón. No se trata solo de remover a un general, sino de reordenar redes internas, cortar posibles autonomías y reafirmar quién controla el flujo de información y la cadena de mando.
Preguntas clave: ¿qué hará ahora Estados Unidos?
Para Washington, este episodio no pasa inadvertido. Cada movimiento interno en la estructura de poder venezolana es analizado como un indicador del estado real de su estabilidad. A partir de esta decisión, surgen interrogantes estratégicas:
¿Interpretará Estados Unidos esta purga como una señal de debilidad estructural o como un
intento de recomposición del control militar? ¿Reforzará su enfoque judicial e investigativo sobre individuos específicos del aparato de poder, más allá de sanciones generales?
¿Podría este reordenamiento acelerar nuevas imputaciones, recompensas o acciones legales contra otros altos funcionarios vinculados a seguridad e inteligencia?
¿Cómo impactará esta inestabilidad interna en la política estadounidense en materia de energía, migración y seguridad regional?
¿Optará Washington por una estrategia más silenciosa, basada en inteligencia y cooperación internacional, o retomará una presión pública más visible?
Lectura estratégica
Para Estados Unidos, el caso venezolano ha dejado de ser exclusivamente político. Es un expediente de seguridad hemisférica, donde confluyen narcotráfico, crimen organizado transnacional, migración forzada y estabilidad regional. Cada señal de desorden interno obliga a recalibrar prioridades y métodos.
Conclusión
La destitución y orden de captura del general Marcano Tábata no es un hecho aislado. Es el reflejo de un poder que se repliega sobre sí mismo, donde la seguridad interna se convierte en un espacio de vigilancia constante y desconfianza estructural. Cuando los responsables de proteger el sistema pasan a ser objeto de ese mismo sistema, el problema deja de ser individual y se convierte en sistémico.
En Venezuela, las purgas no fortalecen la estabilidad: revelan sus grietas.