DELCY RODRÍGUEZ, RODILLA EN TIERRA ANTE EE. UU.

Por Yasmín Velasco

Periodista de investigación internacional

CARACAS — Durante años, Delcy Rodríguez fue algo más que una alta funcionaria del chavismo. En la práctica, operó como uno de los ejes del poder real en Venezuela, con influencia transversal sobre áreas estratégicas del Estado: energía, minería aurífera, seguridad interna y relaciones diplomáticas. Su figura no fue ornamental; fue ejecutiva, decisora y articuladora.

Ese ascenso no ocurrió en el vacío. Se consolidó dentro de una arquitectura política cerrada, sostenida por lealtades familiares y alianzas internas que le permitieron moverse con soltura mientras Nicolás Maduro concentraba la narrativa pública. Rodríguez, en cambio, afinaba los engranajes.

Desde 2018, su nombre ha estado bajo observación constante de agencias estadounidenses. No como un detalle marginal, sino como parte de un mapa de intereses geopolíticos donde Venezuela ocupa un lugar sensible por su peso energético y su ubicación estratégica en el hemisferio. La vigilancia —discreta pero persistente— de organismos como la CIA reflejó esa prioridad.

Hoy, el tablero muestra un cambio de fase. La confrontación abierta ha cedido espacio a un vínculo tenso y pragmático con Estados Unidos. No se trata de confianza ni afinidad ideológica, sino de control, cálculo y necesidad. Washington ve en Rodríguez una interlocutora funcional para administrar riesgos: contener desbordes, ordenar activos estratégicos y reducir incertidumbres en un país exhausto.

El viraje no es menor. La funcionaria que encarnó el músculo del régimen ahora opera bajo presión externa y vigilancia permanente. Cada movimiento es medido; cada gesto, interpretado. La cuerda floja es real: por un lado, los compromisos tácitos que exige la interlocución internacional; por el otro, las resistencias internas de un sistema que no tolera fácilmente la redistribución del poder.

Delcy Rodríguez ya no decide sola. Y Venezuela entra en una etapa particularmente delicada: la del reordenamiento. Una fase donde los equilibrios se renegocian, las lealtades se prueban y el margen de error se reduce al mínimo. En ese tránsito, el país enfrenta su momento más peligroso no por la confrontación, sino por la redefinición de quién manda, cómo se manda y bajo qué condiciones.

https://youtu.be/-HbKZ8T-gq0?si=0Ly3VA0SeavJvARi

Vía Yasmin Velasco

Cortesía Testigo Directo

RRSS IG @yasminvelasco1 | @testigodirecto

Share this note.