Por Oscar Blue Ramírez
Periodista | Análisis internacional
Venezuela atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. En medio de un silencio oficial cuidadosamente calculado, comienzan a emerger señales que apuntan a una reconfiguración interna del poder y de las alianzas que han sostenido al país durante las últimas dos décadas.
En las últimas horas, versiones sobre la salida de personal cubano y la presencia indirecta de actores estadounidenses han generado un intenso debate público. Más allá del ruido informativo, los hechos observables indican que el tablero geopolítico venezolano está cambiando, aunque no de forma abrupta ni declarativa.
Estados Unidos: retorno estratégico sin anuncio formal
Washington ha optado por una estrategia distinta a la confrontación abierta. No hay despliegues militares visibles ni declaraciones altisonantes, pero sí un incremento claro en actividades de monitoreo, inteligencia y presión diplomática, particularmente en el Caribe y en las rutas energéticas que rodean a Venezuela.
El interés estadounidense parece centrarse en tres ejes:
seguridad regional, crimen organizado transnacional, estabilidad energética.
Este enfoque responde a una lógica pragmática: influir sin provocar una escalada, ganar terreno sin asumir costos políticos inmediatos.
Cuba: una influencia que se debilita
La narrativa sobre una salida masiva de asesores cubanos no ha sido confirmada oficialmente. Sin embargo, sí existen señales de debilitamiento estructural de la presencia cubana, afectada por la crisis económica de la isla, el desgaste del modelo de cooperación y el nuevo equilibrio de intereses en Caracas.
Más que una ruptura, lo que se observa es una pérdida progresiva de centralidad. Cuba ya no parece ser el actor indispensable que fue durante años en áreas sensibles del poder venezolano.
Caracas: control interno y supervivencia política
Desde el poder, la respuesta ha sido el silencio. No se confirma ni se desmiente nada. Esta ausencia de comunicación no es casual: responde a una estrategia de control narrativo, destinada a evitar fracturas internas y a mantener cohesionadas a las élites políticas y militares.
En este contexto, el gobierno venezolano parece apostar por ganar tiempo, adaptarse al nuevo escenario internacional y negociar desde una posición de resistencia, más que de fortaleza.
Un punto de inflexión
Lo que ocurre hoy en Venezuela no es un evento aislado, sino el inicio de una transición silenciosa. Las alianzas tradicionales se revisan, las influencias se redistribuyen y el país vuelve a convertirse en un espacio de disputa estratégica, esta vez sin grandes discursos ni gestos públicos.
La pregunta que queda abierta no es si Venezuela está cambiando, sino hasta dónde llegará ese cambio y quién terminará controlándolo.